No sé si estáis familiarizados con la escritura automática, resumiendo os diré que basta una hoja, un lápiz, y la capacidad de entrar en trance, mediante la sugestión.
Es una técnica para lograr que el subconsciente se manifieste sin coerciones de ningún tipo…
El abanico de posibilidades para lograr la sugestión es infinito, desde las drogas hasta la música, desde un estado inducido de terror hasta la somnolencia….
Aquí os dejo un ejemplo: lo escribí en trance en un lugar de cuyo nombre no quiero acordarme….Espero que os guste y que os animéis a hacer lo mismo, recordar que este blog tiene como finalidad que escribías lo que os apetezca, sin límites ni tabús.
18 de febrero de 2010
En el castillo de los crónicos. Escrito en un Moleskine muy lejos, muy indiferente al atontado de Hemingway. Escuchando música por el colgado altavoz de la sala…
El lienzo luminoso y nocturno.
El sueño continuado más de un día.
Una cabellera rubia pasa glacial, cortando indiferente, el sufrimiento, el tedio, la irritación... la Asamblea de los extraños habitantes de esta nube de tabaco y agobio.
Y un taconeo decidido me mantiene en la indecisión
Y un desgastado buitre, o loro parlanchín, se mantiene al acecho de nuestras voces, movimientos…tal vez, incluso, de nuestros pensamientos…
La cabellera ha dejado a su paso una estela de hielo en vertical suspendida en el espacio, dividiendo la sala en dos polos, ahí donde se ha formado a sesgado los pensamientos de algunos crónicos que ahora lamen el muro de hielo en un esfuerzo por recuperarlos.
La pelota de pin pon se ha salvado de la guillotina, y dos torpes acróbatas le dan a las palas babeando sobre el suelo que toma apuntes sobre apuntes, creando montículos de historias inacabadas que me recuerdan a la luna, que debe de estar iluminando el exterior.
Se acerca el psicópata y la pelota de pin pon empieza un baile a solas, siguiendo el ritmo de sus pasos, es un bum, bum, de arterias castigando el corazón de la sala.
Las crónicas, se apelotonan en una esquina, en silencio, mirándose aprensivas,
Yo hundo la mirada en el pasillo esperando ver entrar al carnicero en cuestión.
Los altavoces suspiran. Mi mano escribe sola, a su aire, sin molestias, la conmoción no llega hasta ella. Y vamos cayendo poco a poco entre la indiferencia de la T.V.E.
Y en algún lugar hay estatuas vacías...
