Lo único que queda
de los sueños de los guerrero
Haiku de Bashö
En la morada el único reloj se ha quedado sin retinas.
Las sombras se adhieren a las andanadas estertóreas
de mis pulmones purpúreos.
Noche de cáncer, declive de sueños
Lágrimas filtradas, de niño hambriento,
por el vidrio roto de la escuela abandonada.
A medianoche me reclama, desde la matri
de su indolencia, el sinuoso deleite de su
carne ondulada. Salpicada por los hoyuelos negros
de mi reseca sangre.
Sangre que no derrite el silencio cobarde que aferra
a guadaña...
En la morada oscura contemplo su semblante.
Ángel extraviado por mil sendas mortales.
En la entramada oscuridad, embadurnada de alquitran,
señalo la guadaña.
Pero ella ríe a carcajadas.
Y donde hubo noche ahora centellean relámpagos de muerte...
Solo queda aceptar el homenaje devoto de su sentencia.