Taladramos los vasos de whisky. Uno detrás de otro.
Los billetes se esfuman sobre la barra, algunos tipos lo hacen bajo ella.
Labios salpicados de palabras ajenas acompañan el sonido convulso de la música (sister moonshine)
Un billar de miradas se entrechocan en el garito. Miradas lujuriosas, timidas, descompuestas, expertas. Todas buscando la bola negra.
Yo olvido. El zippo chasquea y me abrasa la mano. Y te acercas.
La camarera atrapa al vuelo la bola negra...
Suenan las cadenas de tu cintura y los extraviados otean el horizonte de tus muslos.
Me besas primero la mano, luego la boca.
Acaricio tu cuerpo nocturno, dando un fruto extaño al alba: tu alma quemada. (la mia, prende de la telaraña del pasado)
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Ay, acertado retrato del espíritu (y espíritus) de la noche, ¡pero qué será de los pobres seres solares en estos tiempos de oscuridad!
ResponderEliminar! Cuanta dulzura y compasion! Precioso
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